jueves, 17 de septiembre de 2009

CONJUNCIÓN (Misterium coneiunctionis)


Enter paradise
The SNAKE will find the way
She's LILITH
Fallen from the skies

SOPHIA
The SNAKE you will make to see
or you will punish, she's the eternal sophia,
Fallen from the skies

SEKINAH, SEKINAH...

ALQUIMIA


La imagen que da William Blake de Dios Padre como un anciano con barba, personificación típica del Sí Mismo, el arquetipo de la totalidad y centro de la personalidad. Este es el objetivo de la verdadera Alquimia.

ETERNIDAD

Quien a sí encadena una alegría
malogra la vida alada.
Pero quien la alegría besa en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.

William Blake

SOMA


<<[…]En este mismo mundo,
donde están las aguas eternamente jóvenes,
haz de mi, Soma, un inmortal>>

Rig Veda II, 27

En principio, se dice, el soma era una planta alucinógena que crecía en las montañas del noroeste de la India. Fue recolectada y usada por los arios hasta su migración a las llanuras del Indo y el Ganges. Allí, poco a poco, fue olvidándose su uso. Hoy poca gente sabe donde hallarlo, y nadie que yo conozca.

Love is like the soma Johan Endulg, del Judascrist de Tiamat.

Deberíamos usar el Soma para VIVIR auténticamente, fuera de este estrecho ego, para percibir la realidad tal y como es: infinita.

Pero mi ego está muerto, el rey ha declinado y se encuentra enfermo y senil. Mi sol interior ya no alumbra. Necesito urgentemente beber de mi aqua vitae del Eros revitalizante.

Si no, sólo queda perecer en el olvido.

Crying out your name, something is wrong, but beautifull,so beautifull

lunes, 13 de julio de 2009

revitalizar lo que está muerto desde hace tiempo... Amar lo que ya nadie ama, lo que todo el mundo desprecia. No me queda más.

martes, 3 de febrero de 2009

Glosario de Simbología Gótica


Este pequeño glosario, improvisado y revestido de cierta coña, pero a la vez serio y transcendente, va dedicado a los que nos autodenominamos "góticos". Con el trataré algunos símbolos de nuestra identidad desde una perspectiva psicoanalítica, literaria, esotérica...Espero que habrá un pequeño y delicioso debate.

1) El negro: color de la nigredo alquímica, simboliza lo inconsciente, lo inanimado, el infinito, la muerte en su aspecto de no-ser (muy ligado por tanto con el idealismo romántico alemán de Fichte, Schelling, Hoderling etc). De todas formas no debería confundirse con el color ritual y religioso de la muerte, que es el blanco (símbolo de pureza) en casi todas las culturas, desde egipto a china. Pureza y muerte, siempre unidos de la mano.
(A modo de anécdota: el negro, precisamente, lo vestían los griegos que temían, por alguna causa, ser requeridos por el ánima del recién finado. Vistiéndose de negro, esperaban no ser reconocidos por el difunto y así escapar a su venganza.)


2) El vampiro: como héroe byroniano, romántico. Adquirir, como fundamento de la propia consciencia (y por tanto, de la vida misma), la idea de un destino individual que hay que cumplir a expensas de la sociedad e, incluso, de la naturaleza misma. Una tragedia de tintes clásicos, por lo irrealizable de la misma, pues ¿quién puede superar su propia naturaleza? En este punto, podríamos reseñar, desde mi punto de vista, la naturaleza claramente vampírica del más antiguo héroe griego: Aquiles (Léase el Canto XXII de la Odisea).
Pero este es el vampiro decimonónico, fijado en nuestra cultura a partir del El Vampiro de Polidori. Los vampiros más antiguos, son harina de otro costal… Si no, léase La Familia del Vurdalak, de Alexei Tolstoi (primo de Tolstoi, el de Guerra y Paz) o véase la película recientemente estrenada 30 días de oscuridad. Vampiros antiguos, nada de romanticismo, pura brutalidad y salvajismo.

3) La vampiresa: obviamente, en una sociedad puritana, el primer convencionalismo que se rompe es el tabú sexual. La mujer, reprimida, expresa su pasión sexual encarnando su aspecto primigenio de ninfa, de sacerdotisa; desligándolo de la mera reproducción. Se produce un retorno a la condición matriarcal que condiciona un comportamiento con respecto al macho no solo independiente, sino tiránico y cruel.
Sin embargo, la autosuficiencia femenina de la vampiresa se opone a la del “machorro” feminista o la hippie “de vello en axila”, pues respeta e incluso incrementa la polaridad sexual, reconocida como fuente misma de la vida. Esto sí, de forma retorcidamente (y deliciosamente) sofisticada. Si no se me cree en este último punto, véase a Ingrid Pitt en la peli The vampire’s lovers (1971) de la Hammer.
El aspecto sexual, por tanto, es mucho más acusado y subversivo en la vampiresa que en el vampiro, pues la poligamia implícita del hombre siempre ha sido reconocida de manera tácita.

miércoles, 20 de febrero de 2008

25 años de Blade Runner. Algunos aspectos de una de las mejores películas de la historia


-Lástima que ella tenga que morir, pero… ¿Quién vive?-
En esta lacónica advertencia, que el misterioso Gaff (papel breve pero fundamental en la trama del film, magistralmente interpretado por E.J. Olmos) le lanza a Deckard, se condensa, en mi opinión, la esencia de la película. Más incluso que en el célebre lamento final de Roy Batty. Ambas frases transmiten, en última instancia, un mismo mensaje, oscuramente existencialista y ambiguo: ¿Cuál es el sentido de esta estúpida vida? ¿Podrá el amor finalmente redimirnos? Preguntas que no tienen una respuesta fácil y que, como en todas las obras de arte que han persistido a través del tiempo, quedan varadas en una paradoja imposible de resolver.

Por supuesto, estamos hablando del montaje del director, no de la descafeinada versión que pudo visualizarse en las pantallas allá por los años ochenta. Harrison Ford interpreta (de forma sólo correcta en mi opinión) a Rick Deckard, una especie de policía/mercenario, divorciado y alcohólico, que subsiste a duras penas en unos grises y decadentes Los Ángeles, proyección de su propia condición. Y por las noches, sueña con un unicornio que galopa libre por el bosque.

Probablemente estos escasos fotogramas, junto con el argumento paralelo del unicornio de origami que Gaff deja en el apartamento de Deckard, han sido subestimados frente a la eliminación de la escena final de la película, el happy end de la versión comercial de la película. La identificación de Rick Deckard con el unicornio tiene un significado profundo desde el punto de vista simbólico, porque este ser se identificaba con el espíritu en la tradición esotérica de occidente. Para los alquimistas, en la base del cuerno del unicornio podía hallarse la lapis mercurialis, la piedra filosofal, único medio para alcanzar la anhelada inmortalidad. Si, como especulaba Freud, los sueños son manifestaciones de nuestras carencias emocionales, lo que le faltaba a nuestro protagonista era un verdadero espíritu vivificador capaz de animar su mísera existencia cotidiana. Espíritu que éste cree encontrar en el amor hacia la bella replicante Rachel Rosen (Sean Young) y que conecta la faceta desesperanzada de la película con una trama salpicada de un romanticismo a la vez efectista e intimista (Una de las escenas más espeluznantes de la película es cuando Rachel se suelta el pelo mientras toca una etérea melodía al piano). Que este es uno de los ejes del film, lo confirma el propio Harrison Ford cuando define la película como “una historia sobre si se puede mantener una relación significativa con una tostadora”.

Al final, sin embargo, el drama desemboca en tragedia pues la vida misma es trágica, como bien sabían los griegos. Deckard cumple su deber y retira a Rachel, metáfora que refleja nuestras propias vivencias en las que el amor de juventud termina degenerando en una difícil convivencia matrimonial.

Por supuesto, la película pone sobre el tapete tantos temas que se presta a muchísimas más interpretaciones. Más allá de la fidelidad de la adaptación del relato de Philip K. Dick (Sueñan los androides con ovejas electrónicas), lo que está claro es que Blade Runner es la mejor obra de Ridley Scott, superior incluso a Alien, siendo uno de esos extraños casos en los que uno no sabe si decidirse por la novela o la adaptación cinematográfica. Y por último, resaltar la banda sonora de Vangelis, en mi opinión, una de las dos mejores B.S.O. de la historia del cine.

lunes, 18 de febrero de 2008

¿Es el Sonarasa-sutra el verdadero origen del vampirismo?


Es paradójico pero probablemente el origen del vampirismo halla que buscarlo en una antigua secta del hinduismo, religión que normalmente se asocia a prácticas espirituales contrarias a la violencia y el derramamiento de sangre. He llegado a esta conclusión después de estudiar (o al menos intentarlo, pues apenas si puedo leer sánscrito) uno de los tratados menos conocidos de la India, el Anantamukti-mârga sastra, el libro de los infinitos caminos hacia la salvación. Mis traducciones, por supuesto, son aproximadas, pero espero haber captado lo esencial de los significados (si alguien con mejor nivel de sánscrito lo cree conveniente, le animo a que me ayude con las traducciones).

El Anantamukti mârga fue escrito aproximadamente en el sur de la india hacia el s. III o IV a.d. (época de los comentaristas). Se trataba de un ambicioso tratado que pretendía compilar todos los sistemas filosóficos-religiosos (dársanas) de la época. Sin embargo, hasta nosotros ha llegado muy poco del mismo y sólo gracias a las citas en algunos textos Shivaitas (por ejemplo, el Natya sastra), pues parece que se perdió durante los s. X-XI. Lo más interesante es que el libro exponía, junto a las vías ortodoxas propias de religiones conocidas como el Visnhismo, el Shivaismo o el Sáktismo, ciertos comentarios sobre vías heterodoxas, algunas tan curiosos como el samrambha-yoga, camino hacia la divinidad consistente en la hostilidad y la blasfemia hacia la propia divinidad (esto es interesante para los blackers ¿no?). Otra de estas vías es el Sonarasa-sutra, traducido, el tratado sobre el fluir de la sangre.

Intentaré resumir el mensaje del Sonarasa-sutra en pocas palabras. La realidad de la vida está condicionada por el deseo de vivir. Este deseo presenta dos facetas: la sensualidad (kâma) y la violencia (ahimsa), aspectos que no hacen más que enredarnos en la infinita red de la ilusión (maya) a través de múltiples y frustradas reencarnaciones.
El hombre puede librarse de maya de dos formas. Las vías ortodoxas (daksimârga) propugnan la extinción total del deseo y la violencia. Las vías heterodoxas o de la mano izquierda (vamamârga), sin embargo, aseguran que el hombre puede alcanzar la liberación (moksa, mukti) rompiendo los tabúes religiosos y morales establecidos por la daksimârga. Estas prácticas van desde la cópula sagrada (maithuna) hasta el uso de drogas (soma). El Sonarasa-sutra va más allá y se salta el tabú quizás más importante de las religiones índicas: la prohibición de matar animales y comer su carne (expresión máxima de la ahimsa). Los antiguos sabios (rsi) que plantearon este camino vieron en el fluir de la sangre revitalizante y en el proceso de beberla (Sonarasa), la ruptura más completa de todos los tabúes religiosos, pues implica simultáneamente violencia, sexualidad y soma. La fuerza mágica o espiritual (brahman) levantada por esta práctica es inmensa, tanto que, según el sutra, asegura la inmortalidad a quien la practica. Sin embargo, como en cualquier camino de la mano izquierda, tan importante o más que la ruptura del tabú en sí es el mecanismo ritual y la preparación espiritual previa al mismo. Los mismos rsi advierten severamente sobre la práctica descontrolada del Sonarasa-yoga: todo aquel que, inconscientemente, la realice sin los conocimientos exactos creará una tormenta de karma negativo que le arrastrará tras su muerte hacia un estado de existencia miserable. El desafortunado terminará convirtiéndose en un espectro sediento o preta, condenado a vagar por las sombras sin verse nunca saciado en su deseo (¿¿¿vampiro???).

Sobre este aspecto práctico y ritual, que es el verdaderamente importante, podríamos seguir hablando en otro post, pero os aseguro que la preparación espiritual es tan estricta que a mí, hoy por hoy, no me interesa ni lo más mínimo (¿quién renuncia hoy en día al sexo, al alcohol etc?)

miércoles, 13 de febrero de 2008

30 days of night



Basado en la novela gráfica de Steve Niles, David Slade pretende revivir el género vampírico, en franca decadencia desde inicios de los 90. Frente a subproductos tales como las sagas de "Underworld" o "Blade", folletines casi siempre desafortunados que mezclan el cine de acción "a lo Matrix" con efectos especiales de última generación, 30 días de oscuridad constituye una muestra genuina de cine de terror. A continuación resaltaré los aspectos que, según mi opinión, resultan positivos y negativos del film.

Lo bueno:
El transfondo de la historia, una comunidad en los límites del círculo polar ártico donde el sol se oculta durante un mes, es sencillamente magistral; cuesta creer que ningún escritor o guionista del género vampiresco halla caído hasta ahora en semejante trama. Por otra parte, el cerrado microcosmos de la cinta, el pueblo de Barrow, recoge el testigo de la mejor literatura americana de vampiros, como el Jerusalem'lot de Stephen King.
La fotografía, sin llegar a los extremos de "Sin city" o "300", se muestra eficaz a la hora de recrear el entorno de novela gráfica de la película, aunque quizás con un exceso de primeros planos. Son también destacables las tareas de maquillaje y diseño de los vampiros, a los que se consigue dar un aspecto original (yo les habría dado un punto menos de modernidad y más de decrepitud).
Agunos detalles de la película también son destacables, especialmente la inquietante visión del gigantesco y oxidado rompehielos varado en el hielo, que nos hace interrogarnos acerca de la procedencia de estos seres bestiales. Sin embargo, este detalle (junto a otros pocos, como su gutural lengua) no llegan a enriquecer el boceto demasiado esquemático que se traza acerca de la cultura de los vampiros y que se adivina francamente interesante.
Lo malo:
Esto último es, en mi opinión, el argumento que falla en la película: si bien es cierto que no se debe llevar a un extremo el elemento romántico o shakespiriano del vampiro (de los que adolecen, respectivamente, el "Drácula" de Coppola como la "Entrevista con el Vampiro" de Rice), tampoco es cuestión de confundir al mismo con un zombi o un licántropo descerebrado, arquetipos ya bien dibujados en la mitología del horror. Como puede percibirse en la fuente literaria original, la novela de Stocker, el existencialismo del vampiro esta impregnado de una acritud reptiliana poco dada al lamento o al enamoramiento, pero siempre está presente. Y en la película, apenas si la salva la espeluznante interpretación de Maslow, el jefe de los vampiros, llevada a cabo por el actor Danny Huston (con mucho, el mejor del reparto).


Estamos, por tanto, ante un intento parcialmente exitoso de reinvención del género, que sin embargo, hay que aplaudir, y ante un referente que es probable que influya en las películas de vampiros que se rueden en el futuro próximo.
Calificación: gore vampírico (6,5/10)

martes, 12 de febrero de 2008

Anochece


Anochece y de nuevo me levanto del ataud tras unos meses de gélido reposo. Vuelvo con fuerza.
Anochece y, tras salir de la tumba, huelo un mundo nuevo lleno de vida. ¡Venid criaturas! disfrutemos de la noche eterna...

martes, 2 de octubre de 2007

Carta de despedida

Permanece en silencio. No me lances palabras en la distancia, pues la brisa de este oscuro atardecer se las lleva hacia un lugar donde no podrán ser escuchadas por ti ni por mí.

Mas en la distancia, entre las hojas que revolotean en el viento, entre el negro presagio de una noche solitaria, sin fin, sí distingo tu mirada que se clava en mi alma sin disimulos ni tapaderas. Una mirada que, por fin, acaba por desmenuzar mis más resistentes escudos. Una mirada que me desnuda mostrando el niño que a tu lado fui.

Quietos, bajo la lluvia y empapados ¿qué barreras, cariño mío, pueden llegar a separarnos? Esas barreras invisibles que, sin poder palparse, separan los caminos de tal manera que ya nunca, excepto en la confusión del recuerdo, volverán a juntarse.

Divergiendo, ya en la omnipresente noche, mientras los últimos vestigios del día se pierden, como un ser distinto te separas tú, que fuiste el latido de mi corazón, la carne de mi carne.

No me hables. No gastes las palabras. Falta no hace, alma mía, pues has de recordar que en la densa atmósfera del ocaso se difuminan hasta los más profundos sentimientos.

Permanece en silencio, déjame marchitar. Si has de marcharte, hazlo ya. Concédeme al menos, en esta primavera que decae, la gracia de la dignidad. Seguiré aquí, de pie bajo la lluvia, cuando hayas partido. A pesar de que ya nunca dejaré de amarte…

Carta escrita a I.R. 24-abril-1996

domingo, 23 de septiembre de 2007

Perséfone en el submundo (II)


"Love is like the soma"

En sánscrito, yoga significa, literalmente, unir (proviene de la misma raíz indoeuropea que el latín yugus). Como genuina experiencia religiosa, el yoga intenta unir (re-ligare) lo escindido: el que ve y lo visto, el observador y lo observado, el sujeto y el objeto. Pero, ¿existe algo más escindido en la naturaleza humana (y por extensión, en la naturaleza de lo viviente, desde hace al menos 1000 millones de años) que la existencia de dos sexos, hombre y mujer? En ese sentido, la unión sexual, en toda su extensión (física, emocional, intelectual) es la forma más intensa y primigenia de yoga que existe.

Así lo reconocieron nuestro remotos antepasados al asimilar la religión al culto a la diosa madre, el culto a la fertilidad con su componente orgiástico. La diosa madre del mediterráneo y del próximo oriente aparece siempre relacionada tanto con el orgiasmo como con las sustancias embriagadoras. En un primer momento, la cerveza, siendo una de las formas más antiguas de la diosa madre en la hélade Deméter, diosa de los cereales (y, por tanto, de la cerveza. Cuando la cebada se contamina con el cornezuelo, el hongo claviceps purpurea, nacen los misterios de Eleusis, los más importantes de la antigüedad clásica). Posteriormente la cerveza da paso al vino, asumiendo las funciones de la diosa madre el ambiguo Dionisio y su cohorte de ménades.

Desde el principio, por tanto, soma y sexo van unidos en una especie de liturgia religiosa. El primero cumpliendo el papel de desinhibición necesario para, si es necesario, saltarse cualquier recato o estructura que se oponga al segundo.

Difícil de comprender, para nuestra mentalidad forjada en más de 2500 años de patriarcalismo cada vez más acentuado (especialmente en los últimos dos milenios, con el arraigo de la religión patriarcal por excelencia: el cristianismo), las implicaciones mentales del culto matriarcal a la fertilidad. La casi absoluta identificación entre la muerte y el sexo, o tal como lo denominó Freud, entre Eros y Thanatos. Robert Graves, en sus Mitos Griegos, reconstruye imaginariamente una de aquellas horripilantes escenas que pudieron darse sobre el fértil y oscuro suelo de cualquier valle del ática: "Parece que la ninfa tribal elegía un amante anual entre su entorno de jóvenes, un rey para ser sacrificado al acabar el año, haciendo de él un signo de fertilidad más que de placer erótico. La sangre esparcida de este hombre servía para hacer fructificar los árboles y las cosechas y para la reproducción de los rebaños. Su carne se partía y era comida cruda por las ninfas compañeras de la reina, sacerdotisas con máscaras de perras, yeguas o cerdas[1]." Descripción que puede servir también para la fiesta de la vendimia de antiguos cananeos, adoradores de la diosa Anat-Astarté, que actúa de tal forma con Baal, su amante: "lo cortó con la hoz, con la pala lo aventó, lo quemó con el fuego y lo molió con el molino. Dispersó sus carnes por el campo como alimento para los pájaros a fin de que cumpliese su destino[2]". Destino, que es, al fin y al cabo, el renacimiento, pues para renacer siempre hay primero que morir (también los biólogos afirman que el sexo es un mecanismo adaptativo, renovador, de la especie. Lo malo es que la reproducción sexual en organismos multicelulares implica un callejón sin salida para las células no sexuales, incluidas las neuronas donde fijamos nuestra personalidad).

Esta verdad la reconocen incluso los cristianos, cuyo hombre-dios sufrió una cruenta muerte que en nada desmerece las arriba comentadas, antes de su resurrección. Un misterio cuya celebración, curiosamente, también se acompaña con vino. Sin embargo, el cristianismo, como religión derivada del judaísmo, aunque sigue celebrando la muerte sangrienta, mantiene la embriaguez en un nivel meramente símbolo y anula totalmente la parte nuclear del primitivo rito de fertilidad: el sexo. Así, san Pablo recomienda permanecer casto y, sólo como medida desesperada, casarse pues "más vale casarse que abrasarse[3]". En todo caso, una unión inquebrantable, que es penitencia y expiación en sí misma. También, cuando Salomé le pregunta a Jesús "-¿Hasta cuando existirá la muerte?- este respondió – Hasta que vosotras, las mujeres, sigáis pariendo-[4] " Por esta razón, no es de extrañar que Nietzsche afirmara que el cristianismo “envenenó al Eros”, y no sólo el cristianismo, sino en general las nuevas religiones de tinte patriarcal (Por ejemplo, en el Patimoska, las normas de conducta de los monjes budistas, mirar a una mujer a los ojos es un pecado de consecuencias kármicas graves. Y no digamos los talibanes…).

[1] R. Graves, Los mitos griegos, pag. 16. Alianza Editorial, 2001.
[2] A. Cotterel. Enciclopedia ilustrada de mitos y leyendas, pag. 18. Círculo de Lectores, 1989.
[3] Corintios I, 7:9.
[4] Evangelio de los egipcios, citado por Clemente de Alejandría (Miscelanea, 3:6)

viernes, 14 de septiembre de 2007

domingo, 9 de septiembre de 2007

Perséfone en el submundo (I)

Comienzo a colgar un ensayito que escribí quizás demasiado largo para un sólo post. Lo haré en tres o cuatro partes


Janna ausadhi mantra tapah samadhijah siddhayah[1]

Patañjali, unos de los principales maestros de yoga de la antigua India, dice que se puede lograr kaivalya a través del nacimiento, repitiendo mantras, a través de tapas (no haré el chiste fácil…), logrando el samadhi y mediante soma.

Kailvaya es la experiencia definitiva de liberación a la que puede aspirar el ser humano, el estado inmotivado y vacío de todo objetivo mundano y de las cualidades de la naturaleza (inercia, pasión, inteligencia), que hasta los mismos dioses envidian.

Toda religión es una acción sacrificial. Mediante oblaciones y holocaustos, la colectividad exortiza su culpa, su conciencia dividida. La divinidad, como la justicia universal, siempre demanda un precio por la salvación, en este caso, la oblación o el holocausto quemado sobre el altar sagrado.

La tríada más importante de dioses védicos, dioses de los pueblos arios que en el segundo milenio antes de cristo invadieron y conquistaron la India, pronto pasó a estar muy relacionada con esta acción sacrificial. Y en base a esta, toda la rica experiencia religiosa de la India posterior. Agni, dios del fuego, es el encargado de trasladar desde el altar sagrado hasta el cielo donde reina Indra (dios de la tormenta, equivalente de Zeus, señor supremo de todos los demás dioses), las ofrendas y peticiones quemadas en su honor, cuyo prototipo es Soma, a la vez dios y planta embriagadora.


"En este mismo mundo, […]
donde están las aguas eternamente jóvenes,
haz de mi, soma, un inmortal[2]"


En principio, se dice, el soma era una planta alucinógena que crecía en las montañas del noroeste de la India. Fue recolectada y usada por los arios hasta su migración a las llanuras del Indo y el Ganges. Allí, poco a poco, fue olvidándose su uso. Simultáneamente, también fue cambiando la misma liturgia sacrificial, desde la experiencia sacerdotal y colectiva hacia la experiencia personal y privada, propia del asceta errante. El sacrificio del fuego se internaliza, la ofrenda pasa a ser el mismo ego del sacrificiante, quemado en los ardores del ascetismo (tapas), la meditación (dhyana) y el éxtasis (samadhi). En este sentido, puede decirse que el yoga sustituyó el uso litúrgico y embriagador del soma.


____________________________________________________
[1] Luz sobre los Yoga sutras de Patañjali, pag. 57. Kairós, 2003.
[2] Rig Veda, IX, 113.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Poema de Lord Byron

Uno de mis referentes, un verdadero buscador del infinito.
Os ofrezco, amigos, uno de mis poemas favoritos de Lord Byron

ACUÉRDATE DE MÍ

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna...
ni la muerte la puede aniquilar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba
no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.

lunes, 3 de septiembre de 2007

amor e infinito

Decía Hemingway que para escribir hay que permanecer enamorado. Sin embargo, según la revista Nature, la descarga de hormonas y neurotransmisores (concretamente, parece ser, de vasopresina) nos asegura que la sensación de enamoramiento permanece entre tres y seis meses, pasados los cuales, los efectos van pasando paulatinamente y el individuo se ve estimulado a buscar una nueva pareja. Como señala la neurobióloga Miranda M. Lim, los estudios parecen indicar que los mismos patrones neuronales implicados en la formación de relaciones de pareja están implicados en la adicción a las drogas. “El proceso cerebral de emparejarse con otra persona podría ser similar al de convertirse en adicto a las drogas: ambos activan los circuitos del sistema de recompensa del cerebro”. Muchos individuos, por tanto, desde el punto de vista biológico, se ven forzados a establecer un gran número de relaciones amorosas para romperlas a corto plazo y retornar a los inciertos caminos de la seducción.

Los románticos lo intuyeron: buscamos incesantemente el Yo en el no-Yo, persiguiendo siempre una alteridad que defina nuestra personalidad en un proceso infinito y frustrante, pues el no-Yo se caracteriza, precisamente, por su su radical incompatibilidad con nuestro ser presente. Esta búsqueda infinita se disfrazaba en los románticos (y no sólo en ellos) como la búsqueda del amor imposible y de la muerte. Es el Dasein de Heidegger. Es la angustia de Poe por su amada Leonor, muerta, con quién, en palabras del infausto cuervo, no volvería a reunirse Nevermore...

Pero yo seguiré buscando el infinito, en el amor y en la muerte. Aunque ambos están más allá de mis posibilidades, el primero por efímero; la segunda por estar más allá de la consciencia y la percepción. Lo seguiré buscando, frente a un folio o una hoja de Word en blanco, con la imaginación, con el corazón, simulando que al final conseguí atrapar el rayo de luna, justo antes de que este desapareciera en la oscuridad del bosque.

jueves, 30 de agosto de 2007

infinito

Los griegos odiaban lo infinito, porque consideraban que era indeterminado, sin forma. Ellos amaban las formas proporcionadas, juveniles, saludables, los números aúreos. Por encima de todo, amaban la belleza, como demuestran las esculturas de Apolo, Afrodita, de todos sus dioses y héroes. Amaban el sol del Egeo, los espacios abiertos del ágora, el diálogo sostenido entre amigos bajo la luz de la razón. Se imaginaban a sí mismos libres, siendo uno de los peores defectos el ocultar el propio pensamiento por miedo o por vergüenza. De la misma manera, no ocultaban su desprecio, su temor, ante la vejez y la muerte, ante el inevitable decaer de la belleza. Y lloraban, y se lamentaban, y escribían tragedias en las que plasmaban la paradoja sin solución posible que es la vida humana. Envidiaban y desconfiaban de sus dioses, hasta el punto de preferir pasar desapercibidos ante ellos antes que ser objeto de su atención o incluso de su amor.

Nosotros, en cambio, amamos el infinito. Preferimos no resignarnos ante nuestra débil naturaleza humana, perseguimos a una divinidad salvadora que, bajo la forma de dios-hombre compasivo o de progreso ilimitado, nos ofrezca una alternativa a nuestra desesperada condición. Habitamos el infinito, que la mayor de las veces se nos presenta como esperanza remota, y creemos que salvaremos definitivamente todos los obstáculos a cambio del sacrificio del presente. Pero el infinito es penumbra, pues es duro habitar bajo la sombra de un sinfín de posibilidades aún no realizadas. El lamento teñido de esperanza es muchas veces peor que el lamento nacido de la resignación.

Somos modernos buscadores del infinito ¿lo hallaremos alguna vez?

viernes, 17 de agosto de 2007

Invitación

Amanece de forma brusca. El sol se inflama en un estallido cuando apenas se han disipado las marañas de sopor de la madrugada. Madrugada fugaz, incómoda, no mitigada por la brisa, pues no hay más brisa que la del ventilador que ronronea a los pies de la cama.
La oscuridad pasa rápida y es bulliciosa. El silencio pertenece, en verano, al día y a la siesta. Los papeles se han invertido en mi querido Jaén ¿cómo va a ser de otra forma?

Pero, ya sea paseando en la gris y lluviosa tarde de otoño, sorteando los charcos cerca de las vías del tren; ya sea derritiéndose bajo el sol inmisericorde de finales de julio, sorteando las hierbas amarillas del parque, miramos en derredor y no vemos a nadie. Bueno, sí, quizás un chaval que se apresura con la bici, o una señora vestida de casa que pasea a su perro con gesto desconfiado; algún anciano que camina, despacio, hacia ninguna parte… Pero, callados y extraños, pronto se pierden de nuestra vista por una esquina de la calle.

Sin nadie, pues, seguimos vagando por la ciudad. Otra tarde más. Y mientras tanto, sumidos en el hilo inacabable de nuestro pensar, vamos quemando una nueva semana, un nuevo mes, un nuevo año; "So, the fire is almost out and there’s nothing left to burn". Cuando el sol deje de recalentar nuestros sesos y de cegar nuestras pupilas, en un arrebato rebelde, quizás podremos levantar la cabeza hacia el cielo y conjurar el hastío y el cansancio.

Robémosle al olvido una migaja de su esencia y fijemos por escrito la frágil memoria de aquellos pensamientos y reflexiones que amenazan perderse para siempre. En su perpetuo hartazgo no lo notará, os lo aseguro.

Porque ante el olvido, vosotros, tanto como yo, preferís decir lo que Aquiles a Ulises: "Si retorno a mi hogar, en la muy amada tierra de mi patria perderé toda la gloria; pero llegaré a viejo, no asaltándome la muerte hasta transcurridos largos años. Si me quedo y combato al pie de la ciudad de los troyanos, no volveré jamás a mis dominios, pero mi fama será imperecedera" Quizás, con el ímpetu del primer envite, al calor de nuestra mutua compañía, la fuerza se incremente hasta rondar el umbral de lo que persiste en el tiempo.

¿Qué amigos, os atreveréis a cruzar de vuelta la tenebrosa ribera del Leteo? No lo dudéis, aquí os estaré esperando.

jueves, 16 de agosto de 2007

Fiat Lux

Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: sólo ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante.
En mí hay algo insaciado, insaciable, que quiere hablar. En mí hay un ansia de amor que habla así mismo el lenguaje del amor.
[…]¡Oh, sólo vosotros, los oscuros, los nocturnos, sacáis calor de lo que brilla!¡Oh, sólo vosotros bebéis leche y consuelo de las ubres de la luz!.
[…] Es de noche: ahora, cual una fuente, brota de mí mi deseo. Ahora, -hablar es lo que deseo.

F.Nietzsche. Así habló Zaratustra.